Con el buen tiempo las calles se llenan de vida y las plazas de magia en forma de sueños infantiles, sueños de alegría y risas, de payasos y malabaristas… En eso Granada tiene una experiencia anormal y solo tienes que dar un paseo por algunos de sus rincones para observarlo, y los teatros callejeros surgirán de la nada para esfumarse rápidamente tras la función. Esa es la magia que lo envuelve, la fugacidad y la cercanía que hacen partícipe a todo aquel que desee pasar un buen rato y hacer unas risas.

Yo sería incapaz de convertirme en actor de semejante estrado, pues mi timidez me lo impide, pero admiro a quien lo hace, a quien se levanta cada mañana para sacar la sonrisa del niño cuya curiosidad le llevó a pararse ante la casa de un mago de sueños.

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